"Las personas en general están muy solas, pienso yo, sin importar dónde vivan. Veo esto muy seguido porque trabajo viajando. Me mantengo en contacto con jóvenes de varios países; Alemania, Suiza, Finlandia y muchos otros. Veo que lo que en verdad conflictúa a las personas y sobre lo cual se engañan más -porque nunca lo admiten- es la soledad. Es el hecho de no tener a nadie con quién hablar de cosas importantes. Es el hecho de que con las facilidades de la vida diaria lo que solía ser importante ha desaparecido, por así decirlo; platicar, escribir cartas, contacto real con otra persona. Todo se ha vuelto más superficial. En lugar de escribir una carta, llamamos por teléfono. En lugar de viajar, que solía ser algo romántico y una verdadera aventura, llegamos a un aeropuerto, compramos un boleto, volamos y llegamos a otro aeropuerto casi igual.
Tengo la impresión, cada vez más, de que, aunque las personas están solas, muchas de ellas, paradójicamente, quieren hacerse ricas para darse el lujo de estar solas, de distanciarse de los otros. Para darse el lujo de vivir en una casa lejos de todos, para poder ir a un restaurante tan grande que nadie se siente cerca de ellos o escuche lo que dicen. Por un lado, las personas están terriblemente temerosas de estar solas. Cuando pregunto: '¿A qué le temes de veras?', seguido me responden: 'Me da miedo estar solo'. Claro, hay quienes contestan que temen la muerte, pero en la mayoría de los casos, hoy en día, la gente dice 'Me da miedo la soledad. Me da miedo estar solo'. Y sin embargo, al mismo tiempo, también hay esta urgencia por ser independiente."
-K. Kieslowski
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